seguridad en espectaculos en vivo
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Interesante artículo de Pepe Bel, diseñador de sonido y técnico de PRL, donde reflexiona sobre la seguridad en espectáculos en vivo.

Seguridad. Esta palabra está cada vez más presente en nuestro vocabulario profesional debido a la creciente presión social para disminuir los accidentes en el trabajo. A pesar de ello, ir más allá de una simple comprensión intuitiva de su significado no parece tarea fácil. Nos cuesta apreciar qué significa y cómo podemos incorporar la seguridad a nuestro quehacer diario. Sin embargo algo parece evidente: si nos es necesario incorporar la seguridad es porque actualmente no trabajamos de manera suficientemente segura. La sensibilización de todos ante este hecho es el primer paso en el camino que nos llevará la incorporación de políticas de seguridad y prevención en la empresa con resultados beneficiosos para todo el colectivo.

Seguridad en espectáculos en vivo

El sector del espectáculo en vivo al que pertenecemos, se honra en tener una cierta cultura de marginalidad. Nos consideramos trabajadores especiales y privilegiados por pertenecer al sector de la cultura y el ocio. Esta “diferencia” nos lleva a menudo a considerar que las normativas y principios que rigen las actividades de la industria no son de aplicación en el espectáculo. Nada más lejos de la realidad. Aunque tiene sus particularidades, el espectáculo no es un sector distinto de cualquier otro. Los riesgos de las profesiones técnicas del espectáculo son comunes a muchas otras profesiones, y en lo que se refiere a los trabajadores del escenario, estos riesgos son asimilables, grosso modo, a los del sector de la construcción. Nuestra obligación es conocer cuáles son nuestros riesgos y qué medidas preventivas aplicar para evitarlos o minimizarlos.

Existe la tendencia de pensar que la seguridad en espectáculos en vivo es un acabado, un barniz final que se añade a aquello que hacemos. Ahora bien,

¿existen acaso dos maneras de trabajar, una normal y otra con seguridad añadida?

Evidentemente no. Sólo existen buenas y malas prácticas profesionales. Las buenas prácticas profesionales son, por definición, prácticas seguras.

La incorporación de la seguridad en espectáculos en vivo requiere un detallado análisis de los procesos de trabajo, la realización de una especie de auditoría que pondrá de relieve el grado de bondad de nuestras prácticas profesionales. Éstas, junto con las lagunas formativas asociadas, son factores de riesgo especialmente característicos de nuestra profesión. Mención especial merecen los riesgos derivados de la organización del trabajo propia de nuestro sector que acarrean consecuencias como el síndrome del “quemado”, el estrés, las fármacodependencias, las drogodependencias, la dificultad de conciliación de la vida profesional y familiar etc., todas ellas viejas amigas de nuestras profesiones.

Debemos pues sensibilizarnos ante la necesidad de la integración de la prevención de riesgos en el trabajo y conseguir con ella una mejora paulatina de nuestras prácticas profesionales que tenga como resultado la reducción de la accidentabilidad y la mejora de nuestra salud como trabajadores.

El necesario cambio que todo ello comporta en nuestra práctica profesional tropezará con dificultades y resistencias que será necesario vencer poco a poco. La actitud preventiva ha de ser constante y continuada en el tiempo. La mayor resistencia a vencer es la relacionada con la cultura propia del sector: “todo por el espectáculo”, “el espectáculo debe continuar”, “no se puede planificar, la creación es libre y no podemos coartarla”, etc.

Esta manera de pensar, tan enraizada entre nosotros, necesita adaptarse a los tiempos que vivimos y –salvando los valores que posee relativos a la motivación e identificación del trabajador con su actividad profesional– tendremos que introducir en ella los necesarios matices. Así, de manera coloquial deberíamos decir: “casi todo por el espectáculo”, o “el espectáculo debe continuar, si se puede”. En otras palabras: hay límites a lo que podemos y debemos hacer en nuestro ejercicio profesional. Y desde luego, muchas veces basta con aplicar el simple sentido común para no correr riesgos innecesarios y reestablecer el equilibrio de valores.

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